Con la colaboración de: Mauricio Martínez, Dermatólogo
Edición # 83 Revista Salud en Buenas Manos
¿Quién no ha soñado con un color canela en la piel? Son varias las horas que muchas personas, en especial mujeres, pasan bajo el sol con el propósito de adquirir ese envidiable bronceado. Y aunque mucho se ha hablado de los riesgos que esta práctica implica para la salud, falta aún crear una clara conciencia de autoprotección para evitar el cáncer de piel.
La exposición excesiva al sol y la falta de protección aumentan el riesgo de desarrollar esta enfermedad. El tipo de cáncer no melanoma es el más frecuente. Se le denomina así porque se forma a partir de otras células de la piel diferentes de los melanocitos (que producen la melanina, encargada de darle el color a la piel). Bajo el concepto de no melanoma están agrupados todos los cánceres de piel, excepto el melanoma maligno que aunque es el menos frecuente, es el más peligroso ya que puede extenderse a otras partes del cuerpo a través de la sangre o del sistema linfático.
Factores de riesgo
La aparición del no melanoma se da especialmente en aquellas personas que permanecen expuestas al sol por largo tiempo y aunque el crecimiento de este tipo de cáncer es lento puede presentarse en cualquier parte de la piel, siendo más común en la cara, el cuello, las manos y los brazos. También puede afectar otras zonas que hayan estado en contacto con productos químicos, expuestas a radioterapia o que tengan alguna quemadura.
Síntomas
Las principales señales de aviso pueden ser la aparición de una nueva masa y una mancha o protuberancia que esté creciendo. Generalmente la enfermedad se hace presente a través de un pequeño abultamiento con una apariencia suave y brillante. En ocasiones, puede tener aspecto de cicatriz firme al tacto y en la medida en que aumenta de tamaño, es posible que se torne de forma nodular o con una superficie verrugosa.
Cómo prevenirlo
La forma más importante de reducir el riesgo de adquirir un cáncer de piel es evitar la exposición prolongada a los rayos solares y a otras fuentes de luz ultravioleta. Otras recomendaciones importantes son:
- Acuda al médico ante cualquier cambio o anormalidad de la piel.
- Evite exponerse al sol en aquellas horas en que la radiación solar es mayor, particularmente entre las 12:00 m. y las 4:00 p.m. De igual forma es conveniente evitar el uso de cámaras bronceadoras.
- Utilice sombreros que le permitan proteger zonas tan delicadas como la cabeza, así como gafas que absorban los rayos ultravioleta de un 99% a un 100%, las cuales permiten conservar de forma óptima los ojos y el área de la piel alrededor de los mismos.
- Realícese con frecuencia un autoexamen de la piel ubicándose frente al espejo. Así podrá conocer el aspecto de sus lunares, las imperfecciones, las pecas y otras marcas que tenga en la piel para poder detectar cualquier cambio.
Sobre los protectores
- El uso de protectores solares, aplicados 30 minutos antes de tomar el sol sobre la piel seca, reduce el riesgo de contraer cáncer.
- Elíjalos en función del tipo de piel, el lugar de aplicación y las condiciones ambientales.
- Las primeras veces que se tome el sol, se deberá emplear un factor de protección más elevado.
- Tras pasar dos horas de la anterior aplicación, se debe volver a utilizar la crema protectora en las diferentes áreas del cuerpo.
- El protector debe usarse a pesar de permanecer en la sombra ya que el agua y la arena actúan reflejando los rayos solares y aumentando su intensidad.