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Novedades Médicas » Ciencia y Conciencia, primer tomo de la medicina
 Ciencia y Conciencia, el primer tomo de la medicina
en Colombia

En estos días la historia de la ciencia en Colombia ha dado bastante de qué hablar. Por un lado, el inicio de la conmemoración de los 200 años de la muerte de José Celestino Mutis, que comenzó el pasado 17 de febrero.

Por el otro, el lanzamiento del primero de los cinco tomos de la monumental obra Historia de la Medicina en Colombia, realizada por el Grupo de Historia de la Medicina y la Salud de la Universidad Nacional de Colombia y editado por Tecnoquímicas, compañía farmacéutica con sede en Cali. Este grupo lo dirige Emilio Quevedo, médico pediatra y doctor en historia de la ciencia, con una amplia trayectoria en la Escuela Colombiana de Medicina (hoy Universidad del Bosque), en Colciencias y el Instituto Nacional de Salud. Desde 1994 ha estado vinculado a la Universidad Nacional como profesor e investigador del Centro de Historia de la Medicina.

Lo acompañan en este trabajo los coinvestigadores Germán Enrique Pérez, Néstor Miranda y Juan Carlos Eslava; Mario Hernández como asesor científico, y el apoyo de los investigadores asistentes Lisa Bustos, María Fernanda Durán, Marcela García, Carolina Manosalva, Elquin Morales, Diana Farley Rodríguez y Carlos Wladimir Villamizar.

Como recuerda Quevedo, la idea del libro nació en 1994, cuando Francisco José Barberi, presidente de Tecnoquímicas, pensó en hacerle un regalo a la cultura del país. El proyecto se concretó en 2005 y está previsto que el último tomo se edite en 2011.

Los textos, escritos en un lenguaje claro y presentados con gran cantidad de ilustraciones, son el resultado de varios años de rigurosas investigaciones, muchas de ellas en condiciones muy adversas por la falta de documentación o el mal estado en que se conservan algunos archivos.

Los cuatro primeros tomos están dedicados a las que Quevedo considera las cuatro grandes épocas de la medicina en Colombia. El tomo I abarca desde la llegada de los españoles a América hasta 1782. Estudia el encuentro y el conflicto entre la medicina llegada de España, de corte medieval, y las medicinas nativas americanas y las medicinas negras traídas por los esclavos africanos, que el Estado Colonial Español y la Iglesia Católica calificaron de demoníacas.  

El segundo tomo, que comienza en 1782, narra la llegada de la medicina de la Ilustración, con José Celestino Mutis, que se aplicó por primera vez en la epidemia de viruela de aquel año, y que fue hegemónica hasta 1865. El tercer tomo, que va de ese año hasta 1950, lo marca el predominio de la escuela francesa y del ejercicio de la medicina como una profesión liberal. El cuarto tomo, de 1950 hasta hoy, estudia el desarrollo de la influencia de la medicina norteamericana en Colombia. "Comenzaron las reformas de las facultades de medicina y de los hospitales mirando hacia Estados Unidos. La industrialización del país y los desarrollos del capitalismo en Colombia exigieron una nueva medicina que garantizara el respaldo a la salud de los trabajadores industriales y a la clase obrera. Esto condujo a la creación de los Seguros Sociales y de la medicina socializada en general", señala Quevedo. El quinto tomo está dedicado a las biografías de los médicos más relevantes de la historia de Colombia.

Este trabajo tal vez habría sido impensable hace unos 20 años. Tal vez muy pocos colombianos lo sepan, pero el desarrollo de las investigaciones en historia de la ciencia en Colombia han tomado gran fuerza a partir de los años 80.

Como señala el físico e historiador Alexis de Greiff, subdirector de Programas Estratégicos de Colciencias, tradicionalmente los científicos habían escrito sobre el desarrollo de las ideas científicas en sus distintas áreas. "Ingenieros como Alfredo Bateman y Jorge Arias de Greiff realizaron importantes trabajos. Aunque ellos no tenían formación como historiadores, comenzaron a trabajar sus temas con el rigor necesario".

El gran hito fue el proyecto La historia social de la Ciencia en Colombia, una colección de nueve tomos desarrollada a lo largo de los años 80 y publicada en 1993, en la que participaron, entre otros, Diana Obregón, Olga Restrepo, Luis Carlos Arboleda, Gabriel Poveda, Gabriel Restrepo, Arias de Greiff y el propio Quevedo. "Por primera vez se reunió un cuerpo de académicos, algunos con énfasis en los estudios sociales, otros más en la onda clásica de la historia de las ideas y este proyecto disparó la idea de qué se podía hacer y se debía hacer".

Varios de estos autores realizaron durante los 90 doctorados en historia de la ciencia y sociología científica, y desde finales de los años 90 han sido los maestros de las nuevas generaciones. En este momento, según De Greiff, unos 15 estudiantes colombianos cursan doctorados en historia de la ciencia en universidades de primer nivel de todo el mundo.

Uno de los grandes aportes de estos grupos de estudio es mirar la ciencia como el resultado de procesos relacionados. "Los estudios sociales muestran que la ciencia no es un cuerpo de ideas que surgen en abstracto, sino una práctica social mediada por intereses, prejuicios y valores de la sociedad en la cual se produjo". En ese sentido se inscribe la historia de la medicina. "No nos interesan tanto los momentos sobresalientes y aislados, sino los procesos históricos de la medicina y su entronque con los procesos económicos, políticos, sociales, militares, culturales que han determinado la historia misma del país", señala Quevedo.

Por ese motivo, tanto De Greiff como Quevedo consideran errado el concepto de una ciencia universal y que no sólo se puede sino que se debe hablar de una ciencia colombiana, anclada en lo local. "No existe 'La Ciencia'. Existen ciencias particulares y concretas en lugares específicos, dice Quevedo. La idea de una única ciencia, La Ciencia, la verdadera y buena ciencia, es eurocéntrica en principio y luego norteamericanocéntrica. Las ciencias se producen en contextos geoculturales específicos y hay negociaciones y luchas constantes por la hegemonía de un tipo de saber determinado en un espacio cultural especifico".

Estas publicaciones no sólo tienen interés para los académicos. Para un país como Colombia, por lo general convencido que la única ciencia que sirve es la que llega desde Estados Unidos, son importantes estas miradas para valorar un pasado poco conocido y también para desterrar esa idea de que los científicos son unos seres abstractos por encima del bien y del mal. Ellos son tan responsables como los políticos, los economistas, los militares y los eclesiásticos del destino de una nación.

Tomado de: www.diariosalud.net

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